Afroamericanos, principal blanco de crímenes raciales en EE. UU.

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En sus seis años en la Casa Blanca, el presidente Barack Obama ha tenido que salir en público para ponerle el pecho a por lo menos 12 horrendas masacres en el país.

Pero este jueves, cuando lo hizo tras el atentado en una iglesia de Charleston, Carolina del Sur, donde murieron nueve afroamericanos, el presidente lució abatido. Más que dolor, en sus palabras se sintió la rabia.

“Cualquier tiroteo que causa múltiples víctimas es una tragedia. Pero hay algo particularmente descorazonador cuando una muerte se produce en un lugar de reflexión, en un lugar sagrado, donde buscamos paz”, dijo el mandatario con el rostro compungido.

Y luego lanzó una frase que perdurará en el tiempo. “En algún momento –dijo Obama– este país tendrá que enfrentar la realidad de que este tipo de violencia masiva no sucede en otros países avanzados”.

Los hechos ocurrieron el miércoles en la noche en la iglesia Emmanuel, un histórico recinto metodista caracterizado por su afluencia afroamericana. Un joven de 21 años, identificado por las autoridades como Dylan Roof, ingresó a la iglesia y se sentó junto a un grupo de estudio de la Biblia que se había congregado tras la misa.

Una hora después, de acuerdo con el relato de los testigos, se levantó de su asiento, sacó su arma y dijo que estaba allí para matar negros: “Ustedes violan a nuestras mujeres, se están tomando el país y por eso tienen que morir”.
Segundos más tarde, ocho cuerpos quedaban sin vida, y uno más moriría luego en el hospital.

Las autoridades capturaron al sospechoso pocas horas después y han comenzado a investigar el caso como un ‘crimen de odio’. Aparte de sus propias palabras, la página de Roof en Facebook apunta en esa dirección. En su chaqueta negra porta dos banderas, la de Sudáfrica en la época del apartheid y la de Rodesia (hoy Zimbabue), donde también una minoría blanca estuvo en el poder por años y cuyo emblema ha sido adoptado por blancos supremacistas en años recientes.

El tío del sospechoso afirmó que en abril pasado había recibido de parte de su padre un arma calibre 45 como regalo de cumpleaños. “Era un chico que pasaba mucho tiempo solo encerrado en su cuarto”, dijo.

Otras personas cercanas a Roof dijeron que “era un chico dulce con pocos amigos”.

De confirmarse que se trata de un ‘crimen de odio’ (hay pocas dudas) el ataque entraría a engrosar una penosa estadística en EE. UU. De acuerdo con el FBI, en el país se presentan entre 5.000 y 6.000 incidentes anuales que son catalogados de esta manera. Pero según la ONG Buró para las Estadísticas Judiciales, la cifra real rondaría los 250.000, ya que la mayoría de casos no son reportados a las autoridades. De ellos, según un informe del Proyecto para la Pobreza del Sur, 60 podrían considerarse masacres ocurridas en los últimos cinco años.

Pero más sensible aún es que los afroamericanos han sido las principales víctimas. Según el Departamento de Justicia de EE. UU., por cada 1.000.000 de afroamericanos se producen 50 ataques por odio cada año, más que contra cualquier otro grupo racial.

En este último año, las tensiones entre negros y blancos se habían exacerbado tras una serie de episodios en los que policías blancos abatieron a afroamericanos desarmados, desatando violentas protestas en varios estados del país.

Uno de estos ocurrió precisamente al norte de Charleston. Hechos que reabrieron heridas que aún no acaban de sanar tras más de 50 años del supuesto fin de la segregación racial en el país.

Pero el ataque contra los feligreses de la iglesia Emanuel podría resonar aún más ya que revive épocas que parecían superadas y en las que el linchamiento de negros y la quema de templos de afroamericanos eran comunes. Si bien este tipo de crímenes tienen origen en el siglo XIX, se intensificaron en los 50 con la lucha por los derechos civiles y una irrupción del Ku Klux Klan. De hecho, todavía vive en la memoria el atentado en 1963 contra una iglesia en Birmingham (Alabama) en el que perecieron cuatro niñas afroestadounidenses.

Hace pocos años, la pesadilla volvió a revivir cuando un hombre blanco atacó una iglesia negra en Massachusetts, precisamente el día en que un afroamericano (Barack Obama) asumía por primera vez las riendas de la Casa Blanca.
En su intervención de este jueves, Obama también mencionó un tema que, sin ser racial, sí estaría agravando el problema.

“Otra vez gente inocente muere porque alguien que quería causar daño no tuvo obstáculos para obtener un arma”, dijo el presidente.

Algo que quizá explique su rabia, pues no se entiende cómo en un país como EE. UU. aún es posible comprar armas en un supermercado y se mata por el color de la piel.

Una iglesia de tres siglos en Charleston

La Emanuel African Methodist Episcopal Church (AME) fue creada en los años 1700. Se constituyó formalmente con el nombre de Emanuel AME en 1816. Las autoridades de la ciudad la clausuraron luego en dos ocasiones, argumentando que allí se violaban las leyes sobre reuniones de esclavos en la época. Uno de sus fundadores, Denmark Vesey, un esclavo que compró su libertad, intentó organizar allí un levantamiento en 1822, en el que se fomentó la matanza de propietarios blancos de Charleston para liberar a los esclavos y enviarlos en barco hacia Haití.

El plan fue desarticulado y Vesey y sus cómplices fueron ahorcados. La iglesia fue quemada y los fieles debieron reunirse en el subsuelo del edificio hasta el final de la guerra civil en 1865. La iglesia fue reconstruida, pero nuevamente se fue al suelo por un sismo en 1886. Tras su nueva restauración, se convirtió en un lugar de culto obligatorio para los militantes de los derechos civiles, incluido su líder, Martin Luther King jr. Los militantes por los derechos civiles “iniciaron sus marchas desde los escalones de esta iglesia”, recordó este jueves el presidente de EE. UU., Barack Obama.

 

 

 

 

Fuente: El Tiempo

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