Bandera de EE.UU. se izará de nuevo en Cuba después de 54 años

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El 4 de enero de 1961, el sargento Jim Tracy y los cabos Larry Morris y Mike East bajaron la banderaba que ondeaba en la embajada estadounidense en La Habana. Estados Unidos y Cuba habían roto relaciones el día anterior y la sede diplomática de Washington en la isla tenía sus horas contadas. Cinco décadas después, estos marines harán parte de la comitiva que llega hoy a Cuba junto al secretario de Estado norteamericano, John Kerry, en una histórica visita en la que se izará de nuevo la bandera de EE.UU. y se reabrirá la embajada, último paso del acercamiento diplomático entre los dos antiguos enemigos iniciado el 17 de diciembre.

Kerry se reunirá además con su homólogo cubano, Bruno Rodríguez, con quien delineará el plan para alcanzar la “verdadera y plena” normalización de las relaciones entre ambos países. “Vamos a hablar muy directamente sobre una especie de plan general para una normalización verdadera y plena”, afirmó Kerry en entrevista con el diario Miami Herald.

Y es que este es apenas un paso de un restablecimiento que se antoja “largo y difícil”, como lo describió el propio presidente cubano, Raúl Castro. A partir de hoy cubanos y estadounidenses deberán abordar temas tan complejos como el embargo, las elecciones en la isla (Raúl Castro dijo que sólo estaría en la presidencia hasta 2018) y los derechos humanos, una agenda sobre la que existen “profundas diferencias”, según relataron las comisiones que se reunieron durante ocho meses de negociaciones en Washington y La Habana.

En el trayecto también se ven otros obstáculos enormes: Cuba exige la devolución del territorio de Guantánamo donde EE.UU, tiene una base militar y la denostada prisión, así como las reclamaciones de compensación económica de ambas partes. De hecho en una columna publicada en el diario Granma, el líder cubano Fidel Castro aseguró que “Washington debe pagar a Cuba cuantiosos millones de dólares por los daños causados por el embargo”. La Habana le reclama a Washington más de 100.000 millones de dólares por los perjuicios.

Por su parte, EE.UU. espera un pago por las propiedades estadounidenses nacionalizadas por Fidel Castro en agosto de 1960 y que, según expertos, superan actualmente los 7.000 millones de dólares incluidos los intereses.

Tanto Estados Unidos como Cuba reconocen que el proceso de normalización no podrá cerrarse hasta que se levante el embargo, algo que solo puede hacer el Congreso estadounidense, hoy en manos republicanas, ya en campaña electoral para las elecciones de 2016.

Un paso, por lo menos simbólico, se dará en dos semanas cuando el presidente Barack Obama decida si Cuba sigue siendo catalogado como país “enemigo”. En Estados Unidos está vigente desde 1917 la llamada Ley de Comercio con el Enemigo que se aplicó a Cuba tras las revolución en 1959 y que le otorga al presidente la facultad de imponer sanciones económicas en tiempo de guerra o en cualquier otra emergencia nacional. Esta ley prohíbe el intercambio comercial con los países enemigos o sus aliados y hasta hoy Cuba es el único país al que se le aplica la polémica legislación. En 2008 el presidente George W. Bush eliminó a Corea del Norte.

Analistas pronostican que Obama no ratificará un año más esa ley, pues ya sacó a la isla de la lista de países que patrocinan el terrorismo y también la excluyó de la de las naciones con problemas en el tráfico de personas. Si esta ley se levanta se eliminan las sanciones legales para que los estadounidenses viajen a la isla como turistas. Hasta ahora lo hacen bajo 12 categorías, entre las que están, deportistas, académicos, periodistas y funcionarios oficiales, como los que hoy asistirán a la cermonia en el macizo edificio de hormigón d ela sede diplomática frente al Malecón. “La bandera estadounidense vuelva a donde debe estar”, señaló Morris, uno de los marines que hace 54 años bajó el estandarte.

 

 

Fuente: Redacción El Espectador

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