Dembélé, despegue frustrado

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La Barcelona futbolística asistió perpleja al ejercicio conservador de Valverde en Roma. Muchos echaron de menos grandeza y valentía en la propuesta azulgrana, más cicatera que nunca y con castigo final. Entre los añorados, podría decirse que por primera vez en toda la temporada, apareció el nombre de Ousmane Dembélé. El francés había dado tres asistencias en los últimos cuatro partidos y además había marcado un gol con importanciay simbología (el abrazo con Messi) en la vuelta de los octavos de Champions ante el Chelsea.

Sin embargo, su mal partido en Sevilla en medio de esta serie provocó dudas en Valverde,que lo ha obviado en la eliminatoria contra el Roma. No jugó ni un minuto en la ida y sólo cinco más el descuento en el Olímpico. En ese ratito, por cierto, llevó más peligro que muchos de sus compañeros en todo el partido. Para Valverde, sin embargo, pesó más el partido del Sánchez Pizjuán, en el que trajo de cabeza a sus compañeros, incapaz de seguir la marca de Escudero y creando desajustes en defensa por su poca disciplina. Al otro lado de la balanza, su desequilibrio había resultado refrescante en un equipo sin frescuras.

Puede decirse ya abiertamente que el primer año de Dembélé en el Barcelona ha sido una profunda decepción. Incluidas las lesiones, que más allá de la mala fortuna pusieron en evidencia una mala pretemporada (el jugador se declaró en rebeldía en el Dortmund), el jugador ha estado desconectado y, justo cuando parecía enchufado, con energía y más confianza y empatía con sus compañeros, Valverde se ha olvidado de él.

Con 852 minutos, Dembélé es uno de los que menos han jugado de la primera plantilla. Un gol y siete asistencias son su corto bagaje. El futuro en lo que queda de año tampoco parece demasiado prometedor para él. Nadie lo ve en el once de la final de Copa (Coutinho e Iniesta podrían formar las alas en el 4-4-2 de Valverde), aunque el técnico ya ha recibido el primer aviso de un entorno que prefiere grandeza, si acaso en la derrota también, a resultadismo. Al menos ese es el veredicto actual. Y eso, sobre el papel, beneficia a Dembélé.

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