‘Ecuador no es Venezuela’, le gritaron miles de personas a Correa

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Las marchas y protestas contra el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, que cumplen dos semanas, tomaron una inusitada fuerza este jueves, cuando miles de personas salieron a las calles de la ciudad costera de Guayaquil y también de Quito para rechazar las políticas gubernamentales que pretenden incrementar los impuestos a la plusvalía y a las herencias.

La agitación social, sin precedentes desde que Correa asumió el poder hace más de ocho años, se da en momentos en que el país se prepara para recibir al papa Francisco, que debe iniciar su visita el domingo 5 de julio, lo que había significado un llamado de la Iglesia a las diversas fuerzas sociales y gubernamentales a la tolerancia y la sensatez.

En un convulsionado día, otras marchas opositoras también se registraron en diferentes provincias ecuatorianas, como Ibarra, Galápagos y Cuenca.

Aunque el grito de “¡Fuera Correa, fuera!” se generalizó durante varios momentos de las protestas, los manifestantes pedían en particular rectificaciones, cambio de actitud y diálogo al presidente Correa respecto a las políticas económicas y formas de gobernar.

Durante los últimos 15 días, las protestas no han cesado. Cada día hay una cita nocturna, convocada por redes sociales, frente a la sede de Alianza País, el movimiento oficialista, donde los manifestantes, portando banderas negras, critican al Gobierno.

En Guayaquil, el alcalde Jaime Nebot logró llevar a las calles a al menos 250.000 personas, que al grito de “Ecuador no es Venezuela” pedían “salvar la patria”.

En su intervención, que duró poco más de 40 minutos, Nebot llamó a defender la dolarización y a evitar “impuestos confiscatorios”.

“El país de Correa se terminó”, tronó en el momento de mayor exaltación.

“El momento que atraviesa el Ecuador es gravísimo, no es simplemente político, no es simplemente tributario”, dijo el influyente líder de la ciudad porteña.

“El desastre que están causando (el Gobierno) ha empezado a paralizar el Ecuador e iniciar una cadena de miseria y desempleo”, añadió.

Además reiteró que no asistirá al diálogo convocado por el presidente Correa –a quien llamó “mentiroso y farsante”– porque “el Gobierno no tiene la credibilidad para convocar un diálogo con el pueblo”.

Por su parte, el presidente Correa insistió en que se está fraguando un “golpe blando” contra su Gobierno y resaltó que arriesgará su vida, de ser necesario, para defender el proyecto político de revolución ciudadana que emprendió hace ocho años.

Anunció que el Gobierno Nacional está dispuesto a una flexibilización al pretendido incremento del impuesto a las herencias, en los casos de empresas o negocios en marcha.

“No es lo mismo recibir como herencia una empresa que recibir una casa con piscina. Si es una casa con piscina, que es un activo improductivo, bueno, que pague un poquito más que el que recibe una empresa en marcha porque eso podría afectar a la producción y al empleo”, matizó.

En las calles la situación estaba un poco más caliente de los esperado: “(Correa) Nos ha dividido, nos ha puesto pobres contra ricos, empresarios contra empleados, ha inflado desmedidamente el gasto público y ahora quiere destruir la estructura económica familiar con impuestos a las herencias que quitarían gran parte del esfuerzo que hemos hecho en la vida para nuestros hijos”, señaló Grace, que se identificó como modesta comerciante y no “ricacha” ni “pelucona”, haciendo alusión a los calificativos que le da Correa a la ‘clase pudiente’.

En el mismo sector quiteño también se hicieron presentes seguidores del proyecto correísta, con lo que hubo cruce de agresiones verbales y físicas entre los bandos, en particular en la Plaza de la Independencia, al frente del palacio presidencial de Carondelet.

El deterioro de la imagen de Correa, que llegó en algún momento a superar el 80 por ciento de popularidad, ya comienza a evidenciarse en las encuestas. La empresa Cedatos publicó un estudio realizado del 14 al 19 de junio en el que la aprobación de la gestión del presidente está totalmente dividida en un 46 por ciento a favor, contra un 45 por ciento que la desaprueba.

Por primera vez durante la administración correísta el estudio de la misma firma señala que un 52 por ciento de la ciudadanía no le cree, sobre un 41 por ciento que sí. El índice más significativo se puntualiza en la desaprobación de la actitud y forma de ser del mandatario, con un 62 por ciento que la rechaza sobre un 33 que la aprueba.

 

 

 

 

Fuente: El Tiempo

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