En el 2015, las riñas ya dejan en Colombia 1.725 muertos

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Hasta junio, 1.725 personas habían fallecido este año en el país a consecuencia de lesiones producidas durante riñas. Esto se traduce en cerca de 10 muertes cada día por esta causa.

Las riñas son un hecho recurrente en las ciudades colombianas, y suelen ser consecuencia de las agresiones verbales y de los efectos del consumo de licor y sustancias psicoactivas.

Según los expertos, no hay a la vista una posible reducción del fenómeno, por la falta de políticas públicas que combatan su ocurrencia.

El 2014 cerró con 71.228 casos, apenas 268 menos que en el 2013, cuando se dio un salto de cerca de 10.000 reportes. Hasta mediados de junio se contabilizaban más de 31.000 casos este año, según cifras de la Policía Nacional.

En Bogotá, donde se concentran 18 por ciento de los casos, las riñas han segado este año la vida de 513 personas, mientras que, indican cifras de Medicina Legal, al menos 4.465 hombres resultaron con lesiones tras una pelea; la forma de ataque más común es con elementos contundentes, seguido del de armas cortopunzantes y 21 casos de heridos por proyectil de fuego.

Pero lo más preocupante son las altas cifras de muertos que dejan estas peleas. En el último informe de Forensis de Medicina Legal, que corresponde al 2014, se evidenció que, en los relativos a la violencia interpersonal, las riñas son la segunda causa de homicidios en el país, después de los ajustes de cuentas.

Para Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), no es que en Colombia se presenten más riñas que en todo el mundo, pues estos comportamientos pueden ocurrir en cualquier lugar, “lo que sucede es que aquí lo que hay es muy baja capacidad de las autoridades para lograr prevenir que ocurran daños por riñas”.

En su análisis, Restrepo explica que en el país hacen falta atribuciones policiales para lograr intervenir en ese tipo de acto violento.

“Claramente, el código de Policía no le da suficientes atribuciones a las autoridades, pero tampoco, en general, tienen los inspectores cómo poner sanciones, incluso de tipo social, a aquellas personas que están involucradas en riñas”, dice Restrepo.

Somos intolerantes

De acuerdo con el último estudio del Dane acerca de convivencia y seguridad ciudadana, las causas asociadas a las riñas y peleas más comunes son responder a agresiones verbales o a actitudes irrespetuosas – 50,3 por ciento– y defender a otra persona –23,7 por ciento.

Édgar Jhonny Muñoz Morales, médico psiquiatra e investigador del Instituto Cisalva, de la Universidad del Valle, y quien ha trabajado en proyectos relacionados con violencia juvenil y salud mental en diferentes ciudades de Colombia, explica que estos factores que causan las riñas se han analizado en estudios, los cuales señalan la intolerancia como un elemento fundamental que modula la respuesta violenta.

Es la capital del Valle, precisamente, la segunda ciudad con más casos de riñas, este año van 2.398 casos, aunque el año 2014 finalizó con mil reportes menos que en el 2013, un avance significativo en la disminución de este fenómeno.

Según Muñoz, las riñas siempre han existido, lo que sucede es que se están contando mejor, aunque considera que hace falta un estudio para explicar si hay un comportamiento diferencial entre las regiones del país y determinar las causas de las peleas.

Respecto a este comportamiento, Muñoz sentenció que esta actitud se puede constatar en las calles a diario, debido a que “la intolerancia al otro, el civismo, el bienestar común, entendido como un valor, parecen desdibujados en nuestro contexto”.

Jaime Arias, médico de profesión y presidente de Acemi, gremio de las EPS del Régimen Contributivo, agregó a la explicación de Muñoz que la violencia manifestada de tantas formas, una de las cuales son las riñas, no se origina en nuestros genes sino de causas de índole cultural y educativo, es decir, hemos propiciado y tolerado durante décadas expresiones de violencia para actuar vengativamente, cobrar cuentas o celebrar triunfos y derrotas de nuestros equipos.

El mismo Arias destaca el costo que tiene para el sistema de salud, del que hacen parte las EPS que representa, la atención médica de los lesionados en las riñas: como pueden irse 50.000 pesos en un caso pueden ser varios los millones de pesos que deban gastarse si las lesiones son muy graves. (Además: Policía responde por video de brutal pelea entre auxiliares en Bogotá)

Dos casos alarmantes

De otro lado, la situación en Medellín e Ibagué dejó en el último año un serio aumento en las tasas.

En la capital antioqueña se pasó de 1.570 a 2.767 casos en los últimos 2 años, y en lo que va del 2015 la cifra ya va en 1.887; de seguir esta tendencia, la ciudad superaría las 3.000 riñas.

Ibagué, por su parte, sufre un franco crecimiento en las peleas. En solo seis meses se llegó a 975 riñas, la misma cantidad que se tenía al finalizar el 2012.

Disputas aumentan en días de festejo

En Neiva, hasta antes de que se iniciaran las fiestas de San Pedro en junio, el balance en riñas era positivo, con apenas 217 casos en lo corrido del año, teniendo en cuenta que en el 2014 se registraron 1.674.

Sin embargo, el comportamiento se disparó en las festividades cuando la Policía atendió 833 riñas e incautó 364 armas blancas, entre cuchillos, machetes y navajas. Esta situación representó un impresionante aumento en las cifras de riñas en la ciudad.

Otro circunstancia similar se evidenció el pasado día de la madre, celebración en la que se registraron 356 peleas, superando el promedio de riñas por día en Colombia, que es de 186.

Este aumento en el fenómeno en días de fiesta está, evidentemente, relacionado con el consumo de licor. Incluso, entre las causas de las riñas en el país se evidencia, en la encuesta de Convivencia y Seguridad Ciudadana del Dane, que el 5,2 por ciento de las disputas ocurren por efecto de sustancias psicoactivas o bebidas alcohólicas. (Lea: Casi 50.000 conciliaciones por líos en colegios en Bogotá)

Lilyana Estrada, psicóloga del hospital San Vicente Fundación, en Medellín, explica que cuando se toma alcohol se genera una deprivación del sistema nervioso central, el cual hace que las personas se regulen. Por eso, cuando hay licor de por medio se tiende a desinhibirse y no se cuenta con el autocontrol que se tiene por lo general. “A uno le puede dar rabia, pero uno se contiene por diferentes razones y estructuras aprendidas; sin embargo, eso no pasa cuando se bebe alcohol”, señala la doctora Estrada.

Agrega que, al discutir, una persona acude a las herramientas internas del ser humano, entre ellas la capacidad para solucionar problemas o conflictos; esta habilidad, que unos la tienen más desarrollada que otros, se puede poner a funcionar para resolver de manera más fácil el conflicto, pero puede verse alterada por el licor.

 

 

Fuente: Redacción El Tiempo

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