Falso retrato de conductora del SITP nos dañó la vida: padre de joven afectado

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En menos de una semana los bogotanos se enteraron de dos dramas. El primero, el de una conductora del SITP que supuestamente había sido violada, mientras cubría su ruta habitual. Resultó ser una gran mentira. Todo, supuestamente, para que la empresa le cambiara el turno laboral. Al menos eso fue lo que reveló la Policía.

El segundo drama lo vive ahora Alejandro Salamanca, quien se dedica a las ventas ambulantes en Bogotá y cuya fisonomía coincide en muy buena parte con el retrato hablado que se elaboró a partir de la descripción que entregó la mujer a las autoridades, tras denunciar la supuesta violación.

Varios medios de comunicación se apresuraron el fin de semana a anunciar la supuesta captura de este hombre dentro del proceso de investigación por el caso que generó rechazo en todo el país. Coincidió que Salamanca estaba en el municipio Mesitas del Colegio, por lo que fue interpretado como que se estaba escondiendo de las autoridades, toda vez que su lugar de residencia está en Bogotá.

Tras conocerse que la conductora del SITP no fue violada, Jorge Salamanca, su padre, en diálogo con El Espectador, aclaró que había viajado con el papá de un amigo a un batallón del Ejército con el objetivo de prestar el servicio militar obligatorio.

Fue la última vez que salió de su casa, pues una recompensa de 10 millones de pesos por su ubicación, amenazas en las redes sociales y el miedo a ser linchado lo han obligado a permanecer escondido en la casa de un familiar, según declaró su padre. “No lo he dejado salir a la calle lo tengo escondido en la casa de un familiar”.

Reconoció que el viernes en la noche, cuando vio la noticia por televisión, encontró que el supuesto violador se parecía a su hijo, pero no puso más atención al hecho, pues no dudaba si quiera que él pudiera estar involucrado en algo por el estilo.

“A mi hijo sí lo capturó la Policía en Mesitas del Colegio, pero luego veo en los medios que lo negaron. A él (Alejandro) lo tuvieron en los calabozos de la Policía Metropolitana de Bogotá, allí lo desnudaron para buscar los supuestos tatuajes que describió la mujer víctima de la violación. Pero mi hijo no tiene tatuajes; él y sus compañeros de viaje fueron señalados injustamente”, dijo Jorge Salamanca.

Para este padre, todo lo que les ha sucedido a partir del viernes no es más que una absurda serie de coincidencias. La primera sencillamente que su hijo de 20 años se pareciera al hombre del retrato, sin que siquiera conociera a la falsa víctima. También lo fueron el hecho de que llevara un piercing y una cicatriz en la cara.

“Alejandro jamás se ha subido a un bus del SITP, él siempre utiliza su bicicleta. No sabemos de dónde esta señora pudo describir a un hombre que se parece a mi hijo”.

A su hijo, en un intento de atraco, “le dañaron la cara por no dejarse robar”, reiteró, tras señalar que por ahora no ha contemplado interponer una denuncia por los señalamientos de los que fue víctima.

Alejandro, quien hasta el momento no ha hablado con ningún medio, escribió a través de su cuenta en Facebook que agradecía a quienes habían confiado en él y le sugería, a quienes no lo hicieron, que se aseguraran antes de emitir juicios.

“Yo lo que pido es que se restablezca el nombre de mi hijo. El daño que nos hizo esta señora es irreparable, es una desgracia. No hemos podido trabajar, vivimos del día a día y la situación es cada vez más dramática”, dijo Jorge Salamanca en medio de llantos, quien señaló que por temor a nuevas represalias tuvo que retirar a sus hijos del colegio (tres hermanos menores de Alejandro) y ahora se están trasteando del barrio en el que han vivido toda su vida.

“Aquí a la casa han venido a dejar panfletos amenazándonos. Nos dicen que nuestro hijo es un violador y que la conductora del SITP fue obligada a cambiar la versión de los hechos (…) pero lo que están haciendo con mi hijo es una injusticia. ¿Ahora quién nos asegura que a mi hijo no le va a pasar nada?”.

Inclusive, dijo que cuando el joven ha tenido que salir del lugar en donde ha permanecido en los últimos días, lo hace camuflado y escondido detrás de gafas y bufandas para ocutar su identidad.

Y agregó, “le exijo a esa señora que hable ante los medios y diga de dónde sacó esa mentira, que ahora tiene en riesgo la vida de mi hijo y mi familia”.

El lunes, el director de la Policía, General Rodolfo Palomino, reveló que tras una rigurosa investigación, en la que descubrieron inconsistencias en el relato de la mujer, llevaron a que ella finalmente confesara que todo lo había inventado.

Las inconsistencias que encontró la Policía

1. Las grabaciones. Un primer punto que señala la institución es que luego del relato de la mujer, de 35 años, los investigadores empezaron a recorrer la ruta por la que, según la mujer, la llevaron los delincuentes que la violaron. En el recorrido buscaron las cámaras de seguridad en el sector. Al contrastar la versión con lo que vieron en las cámaras, se dieron cuenta de que el bus no pasó por algunos puntos que señaló la supuesta víctima.

Además, los investigadores tampoco identificaron en las grabaciones a nadie diferente manejando el vehículo. Lo que inicialmente afirmó la conductora fue que tres hombres abordaron el bus y uno de ellos tomó el volante, mientras los otros dos la llevaron a la parte trasera para violarla.

2. El GPS. Por medio del sistema de posicionamiento global (o GPS), los investigadores también verificaron cuál fue el recorrido que hizo el bus en el que supuestamente llevaban secuestrada a la conductora. De nuevo, hallaron inconsistencias en su versión.

3. Sensores en las puertas. El bus tiene una especie de sensor en las puertas que registran la hora en que se abren o se cierran. Este registro no coincidió con los puntos ni las horas donde, según la historia de la conductora, se subieron los delincuentes y luego, se bajaron.

4. Inspección al vehículo. De acuerdo con investigadores de la Policía, el bus lo inspeccionaron con luces forenses y no encontraron rastros de fluidos o elementos que permitieran identificar algún signo de violencia sexual.

 

 
Por: redacción El Espectador

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