James Rodríguez puso la cara tras la derrota

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El pasado domingo, James Rodríguez irradiaba furia. No en la cancha, en la que fue anulado; afuera. Su recorrido por la zona de prensa fue más veloz que en el partido. No miraba, no escuchaba. Su rostro, enrojecido. Su mirada, fija, rabiosa, de cejas unidas. Tenía ira, evidentemente. Quizá evitó hablar para no equivocarse, para no ser anulado otra vez. Esperó para, con el liderazgo que ya ha ganado, ponerle la cara al país, reconocer los errores y, de paso, intentar recuperar la confianza de toda Colombia en su selección, una confianza resquebrajada con la derrota frente a Venezuela, en el estreno en la Copa América, y antes de enfrentar a Brasil.

En la sala de prensa del estadio San Carlos de Apoquindo –sede de entrenamientos de Colombia–, ayer hubo la habitual concurrencia de prensa. El anuncio de los jugadores que asistirían se manejó con cautela, como si de la alineación se tratara. Luego, minutos antes de la hora pactada, por fin se conoció lo que para entonces adquirió carácter de noticia: que era James Rodríguez –junto con Camilo Zúñiga– el que pondría la cara, el que asumiría la responsabilidad principal de responder todas las inquietudes que la prensa y el país se estaban planteando. ¿Qué pasó con Colombia? ¿Qué pasó con James?

James ya había meditado sus respuestas. Estuvo sonriente, amable, como si fuera su estrategia para que Colombia supiera que el ánimo está de regreso. “Siempre hay partidos malos, tardes malas, eso pasa. Ahora hay que estar tranquilos, unidos, y pensar ya en el otro partido, que va a ser duro también”, fueron sus primeras palabras.

Tuvo la personalidad de reconocer que jugaron un partido malo. Que a él lo marcaron con tanto acierto los venezolanos que lo sacaron del juego. Lo hicieron inoperante. Que la derrota fue un polo a tierra. Un aterrizaje. De paso, también cambió su semblante. Recuperó la sonrisa. La bronca la dejó en el estadio de Rancagua.

“Yo lo que tengo que hacer es tener paciencia –continuó James–, buscar espacios siempre, eso para mí va a ser bueno, para ayudar a mis compañeros, para que puedan buscar opciones, para que puedan hacer gol o generar jugadas. (…) Contra Brasil preveo un partido un poco más abierto. Ellos tienen jugadores que pueden crear peligro y dar mucho más espacio, eso para quienes estamos adelante puede ser bueno. Ellos juegan y dejan jugar”.

Indudablemente hubo un malestar; casi todos los jugadores lo manifestaron el domingo. Fue un resultado que los golpeó, pero no quieren derrumbarse. Quieren recuperar la confianza. Esa pareció ser la estrategia de la rueda de prensa, y quién mejor que James para transmitir ese mensaje de optimismo.

“Invito para que todo el país esté unido, que no solo estén cuando estemos ganando, también cuando perdamos (…). En estos momentos duros se ven los verdaderos equipos. Debemos salir juntos, ganarle a Brasil y pensar en la próxima ronda, que es lo que todos queremos”, anunció el volante, y sus palabras intentaron generar eso: confianza.

Sus palabras, y el contacto suyo –y de sus compañeros– con los aficionados, ayer en las afueras del hotel en Santiago, fueron la mejor fórmula para pasar la amarga página. James recuperó el carisma refundido en la derrota; pueda ser que el fútbol también esté de vuelta.

 

 

 

 

Fuente: El Tiempo

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