“La aspersión no está en el diálogo actual entre EE.UU. y Colombia”

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La semana pasada, William R. Brownfield, Subsecretario para Asuntos Internacionales de Narcóticos y Aplicación de la Ley (INL) de Estados Unidos presentó en Washington el informe anual del Departamento de Estado sobre el narcotráfico y el lavado de dinero en el mundo. Según el documento, los cultivos ilícitos aumentaron en el país un 42% en 2015 con respecto a 2014. “Colombia es el primer productor mundial de cocaína, así como un país fuente de heroína y marihuana. Aunque el Gobierno colombiano continúa contrarrestando la producción y el tráfico de drogas ilícitas a través de las operaciones de erradicación, la agresiva interdicción y la actividad policial, la producción potencial de cocaína en 2015 aumentó en un 60 % a 495 toneladas métricas”, señala el texto.

Según el Departamento de Estado, que analiza los más recientes datos disponibles, correspondientes a 2015, el aumento supone “el incremento más grande en un año en el cultivo de coca en Colombia jamás registrado”. Para hablar de este tema, Brownfield llegó a Colombia con representantes de varias agencias del gobierno norteamericano que participan en el tema del narcotráfico (Departamento de Estado de Justicia y de Seguridad, Comando Sur, Guardacostas, USAID y la Oficina del Zar Antidrogas en Washington, entre otros) con la intención de estudiar mecanismos para enfrentar el problema. Acompañado del embajador estadounidense, Kevin Whitaker, los dos diplomáticos resolvieron las dudas de varios periodistas colombianos frente al informe y las posibles consecuencias ante el gobierno de Donald Trump.

Sobre los posibles recortes en la ayuda que EE.UU. destina a Colombia, Brownfield (Embajador en Bogotá entre 2007 y 2010) aseguró que, “es posible que vayamos a tener cambios en el presupuesto en el Congreso de Estados Unidos. En la primera presentación del presupuesto de la Casa Blanca para 2018 se presentó un severo recorte (37%) a los recursos disponibles para programas de ayuda internacional del Departamento de Estado. Pero, aún tenemos dos oportunidades de cambiar esa cifra: uno, con una solicitud del Secretario de Estado al presidente de EE.UU. y dos, cuando el Congreso tome la decisión. Preocupante sí, pero crisis no. En este momento este tema es más conversación que amenaza”.

Pero, ¿existe una relación entre el aumento de áreas cultivadas y el proceso de paz con las Farc? El actual embajador Whitaker explicó: “El aumento de cultivos de coca tiene muchas raíces. Uno es, por supuesto, lo de la terminación de la fumigación. Dos, que no habíamos usado la aspersión en los últimos dos años en las cantidades de antes y eso tuvo su efecto y tres, obvio el capítulo 4 del Acuerdo de Paz, emitido antes del acuerdo final, que creó perversamente un incentivo para los cultivos de coca porque se mostró que las comunidades cocaleras iban a recibir beneficios. Otro aspecto, lo que pasó en agosto de 2013 cuando la protesta social en el Catatumbo. Eso demostró lo efectivo de la protesta para bloquear actividades de erradicación. Si uno quiere analizar el aumento de cultivos ilícitos, esos son los temas”.

Entonces, ¿EE.UU. insistirá en el tema de la fumigación? “Aceptamos la decisión del gobierno de Colombia de suspender la fumigación. En este momento la cuestión de aspersión ni siquiera es elemento de diálogo entre el gobierno de Colombia y el de Estados Unidos. Sin duda alguna, tendremos un diálogo positivo sobre erradicación y la necesidad de más erradicación para controlar el crecimiento de las cifras de cultivos de coca y la producción de cocaína”, dijo Brownfield, quien ayer se reunió con el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, para tratar, entre otros temas, el de la corresponsabilidad: Colombia lucha contra la producción y EE.UU. contra el consumo.

“En EE.UU. en este momento tenemos una crisis de consumo de heroína y opioides. Hay un consumo de heroína en comunidades en donde desde 60 o 70 años no se daba. No digo que el consumo de cocaína sea irrelevante, hay una relación simbiótica entre la producción de cocaína y el consumo del producto en EE.UU., lo que digo es que en este momento el aumento de consumo de cocaína es lento. Se ve aumento de consumo de cocaína mucho mayor en otras partes del mundo. Europa, Suramérica y específicamente en el sur, Argentina y Brasil”, argumentó Brownfield. Y Whitaker añadió: “Hemos tratado de trabajar esto con Colombia desde hace dos décadas, somos aliados y trabajamos muy bien juntos y digo yo que no hay mejor relación en este sentido en todo el mundo. Entonces reconocemos nuestra responsabilidad y también que tenemos un socio sin par en Colombia”.

Los dos diplomáticos reconocieron los nuevos escenarios que se abren en Colombia por el posconflicto, pero Brownfield, también hizo énfasis en el cambio de administración en EE.UU. “El gobierno de Colombia está en los primeros pasos del posacuerdo de paz, está desarrollando sus programas, estrategias para resaltar los beneficios del acuerdo de paz, pero nosotros también estamos en los primeros momentos de un nuevo gobierno. Están tomando sus decisiones, examinando las políticas de la administración anterior en Washington y analizando las decisiones que van a tomar, los cambios o iniciativas. Estamos aún en la primera etapa de un diálogo entre dos gobiernos que están en proceso de transición: Colombia hacia la paz y nosotros de un partido político a otro, con los cambios naturales que esto trae. En unos meses veremos en dónde vamos a aterrizar”.

Con el reconocimiento de las nuevas realidades y la negativa colombiana a la fumigación, el embajador Whitaker explicó que EE.UU. y Colombia son socios en la lucha contra narcóticos. “La idea que tiene Colombia es la posibilidad de una erradicación forzosa por parte del Ministerio de Defensa, pero también una voluntaria con las comunidades, a cambio de colaboración para formarse de manera lícita en el campo. Esos son las dos formas actuales, a lo mejor eso se pueden integrar muy bien y de eso se trata de la conversación que ahora tenemos con el gobierno de Colombia”.

Brownfield, por su parte, explicó que históricamente hay dos mecanismosde erradicación: persuasivo (desarrollo alternativo, sustitución de cultivos ilícitos), que es voluntario. Y disuasivo, que es cuando el Estado usa las capacidades para forzar y eventualmente eliminar la cosecha. “Pero hay varias grados de so: se puede erradicar de manera manual, con aspersión en mochila, machetes, tractores, y en años pasado, la aspersión aérea. Este es un tema legítimo de conversación entre los dos gobiernos. La decisión es del gobierno de Colombia. El diálogo es para ver cómo podemos apoyar esa decisión. La historia sugiere que para tener éxito hay que tener algún tipo de equilibrio entre ambos mecanismos”.

Sobre un posible encuentro entre los presidentes Juan Manuel Santos y Donald Trump, Brownfield fue contundente: “Se ha reunido con cuatro jefes de Estado. Faltan 192. La relación con Colombia y EE.UU,. es muy importante y seguro más adelante van a conversar”.

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