Las pistas tras la muerte de Natalia y Fernán en un hotel de Bogotá

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En menos de 24 horas el país pasó de celebrar el fallo que avala a los padres de familia para ingresar a los perfiles en redes sociales de sus hijos, en caso de que exista peligro inminente, a lamentar la muerte de dos jóvenes que se habrían conocido, precisamente, a través de una de esas redes.

Después de casi 9 días de desaparecida, Natalia Seña Bernier, de 15 años, fue encontrada muerta en un hotel del sector de Patio Bonito, en el sur de Bogotá, junto con Fernán Vellojín Reales, de 21 años, y quien habría viajado de Barranquilla a Bogotá para encontrarse con la menor de edad.

Lo último que le dijo Natalia Seña Bernier, según Katherine Rodríguez, la tía de la menor, a sus padres el domingo 26 de julio era que se iba a encontrar con su mejor amiga para comprar dulces. Salió de su casa, en el barrio Normandía, a las 10:30 de la mañana. Vestía un jean azul, una blusa vino tinto y una chaqueta negra con peluche en su cuello.

Pero pasaron las horas y la joven de 15 años y que cursaba grado décimo no regresó. La angustia se apodero de la familia, que buscó a la mejor amiga de Natalia, quien les contó que nunca se encontró con ella, sino con un muchacho de quien solo sabía que se llamaba Fernán y no dio más detalles.

La pista que ayudó con su posible paradero fue que ambos se habían puesto en contacto mediante la red social de Facebook. Inmediatamente, la familia de Natalia entró a su cuenta y corroboró que la menor había estado en contacto con el joven Fernán Vellojín.

Pero el aspecto del muchacho, asegura Rodríguez, los preocupó, pues publicaba fotos en las que el joven aparecía con los brazos cortados, “tenía imágenes diabólicas”, aseguró Katherine. También se alarmaron por los mensajes en los que supuestamente Vellojín daba a entender que solo le esperaba la muerte.

Natalia fue hallada, finalmente, sin vida el miércoles 29 de julio, junto a Fernán Vellojín, de 21 años. Los cuerpos estaban en estado de descomposición y fueron llevados a Medicina Legal, y solo hasta este martes se conocieron sus identidades. Las razones de este aparente caso de suicidio son, por ahora, un misterio. “Creemos que el joven le hizo daño y se la quiso llevar”, afirmó Katherine, quien describe a su sobrina como una niña amorosa, dedicada a sus estudios y “muy de la casa”.

Sin embargo, Adriana Reales Amaranto, madre de Fernán Vellojín, dice que nunca vio en su hijo actitudes extrañas o que tendieran al suicidio o a hacerse daño, y asegura que Natalia y Fernán tenían una relación de cerca de dos años.

“Solo noté, unos días antes del hecho (su fallecimiento), que estaba como triste en casa de mi tío, donde se estaba quedando. Me confesó que estaba acongojado porque un médico le había dado poco tiempo de vida a Seña, por unos problemas en los riñones, pero el mismo día mejoró su ánimo, me dijeron mis tíos”, explicó la madre del joven.
Reales cuenta que su hijo viajó a Bogotá a principios de mayo pasado con el sueño de trabajar, seguir con sus estudios y “con las ganas de reencontrarse con su novia, Natalia, con quien tenía unos dos años de relación”.

Esa relación, según contó la madre, inició en Barranquilla y se mantuvo a través de las redes sociales y llamadas. Sin embargo, en varias ocasiones se vieron durante temporadas cortas, debido a que el padre de Seña tenía negocios en la Arenosa, y también a un viaje a la capital que realizó el joven cuando empezaba la relación.

“Mi hijo era deportista, le encantaba jugar fútbol e ir al gimnasio”, recuerda. Vellojín abandonó sus estudios de mecánica diésel por estudiar inglés. “Él no salía de la casa, andaba siempre con sus amigos”, asegura su madre.

Cómo los padres pueden controlar relación de sus hijos con las redes

Pero lo que parece una triste coincidencia entre el fallo y la tragedia que enluta a dos familias lleva a los expertos a plantear algunas recomendaciones para que los padres puedan vincularse decididamente con el comportamiento de sus hijos en entornos digitales.

“Muchos padres creen conocer a sus hijos, pero no dimensionan cómo es el comportamiento de ellos en internet. Si bien hay padres que tienen una buena comunicación con sus hijos, que los acompañan a descubrir estas nuevas tecnologías, existen otros que se desentienden o son sobreprotectores o controladores y prohíben todo contacto con lo digital”, dice Carolina Piñeros Ospina, directora ejecutiva de RedPapaz, organización civil que estudia estos fenómenos.

La experta agrega que la preocupación de los padres se centra en el tipo de contenido que puedan encontrar los menores, pero descuidan otro factor crítico como es con quién se están contactando.

Un reciente estudio de la Universidad de La Sabana con 2.238 estudiantes de colegios privados de Bogotá demostró que desde los 9 años los niños cuentan con perfiles en redes sociales y que el 75 por ciento accede a internet más de tres horas al día.

Los expertos de RedPapaz consideran que si bien el fallo de la Corte es un buen precedente, y el uso de herramientas tecnológicas para controlar y monitorear las actividades digitales de los hijos son útiles, “lo ideal es implementar una política de educación para la autonomía”.

“Así como enseñamos a caminar a nuestros hijos hasta que pueden correr seguros, el objetivo es acompañarlos en sus experiencias digitales. Ayudarles a crear su primer correo y tener su contraseña; a configurar un perfil de red social y explicarle cómo se agregan amigos, los cuidados al respecto, las pautas de comportamiento y respeto que deben tener”, explica Piñeros.

Otra recomendación es actuar en conformidad con la edad. “En edades tempranas hay que hacer un acompañamiento muy cerrado, resolviendo dudas y monitoreando las actividades, mientras que en etapas mayores, gracias a ese acompañamiento, los jóvenes pueden asumir con autonomía su responsabilidad y cuidado, acudiendo a sus padres cuando requieren de ayuda”, dicen los expertos de RedPapaz.

Pero, ademas, los padres tienen la posibilidad de acceder a herramientas, como K9 Web Protection, Protección Infantil Microsoft, Norton Family y Protectio (esta de la Policía), que permiten saber qué buscan los niños en internet, las aplicaciones que usan y los contactos que agregan. Esas herramientas incluso permiten bloquear contenidos nocivos o limitar las horas de uso de dispositivos e internet.

El detonante de condiciones preexistentes

Responde Olga Albornoz, psiquiatra de niños y adolescentes.

¿Las redes sociales son un factor de riesgo para niños y adolescentes?

Sí son un factor de peligro, pero no por ellas mismas, sino porque en esas edades (las redes) son un factor externo que pueden manipular la transición emocional del niño a adulto. En otras palabras, al actuar en una etapa como la adolescencia, caracterizada por fragilidad emocional, rechazo al entorno adulto cercano y ruptura de patrones impuestos, dichas redes actúan como el sujeto que brinda otras opciones que fácilmente pueden encausar impulsos o comportamientos. Sujeto que, además, cuenta con la presión de la moda y la aceptación de la sociedad.

Entonces, ¿ningún adolescente está exento de este riesgo?

Para todo, el riesgo es potencial, pero corren más peligro aquellos que tienen entornos familiares débiles, carecen de acompañamiento permanente y de límites definidos. Se ha comprobado que en la mayoría de las víctimas de desenlaces traumáticos con las redes confluyen escenarios de abandono, falta de apoyo, desescolaridad, tendencia a las adicciones y familias disfuncionales. No exagero, al decir, que las redes sociales son, en muchos casos, el detonante de condiciones preexistentes.

¿Qué hay que hacer?

Lo primero que hay que entender es que la prevención de estos riesgos no es un asunto que se logre de la noche a la mañana. Los niños deben acompañarse durante todo su desarrollo, desde el mismo momento del nacimiento, incluso desde antes y debe mantenerse hasta que se alcance la madurez y la independencia. Ese acompañamiento debe ser amoroso, nunca de vigilancia o de espionaje reactivo, pero sí normativo y formativo. Se ha demostrado que la presencia, no censora, sino racional de padres y amigos, durante toda la crianza, proporciona herramientas emocionales sólidas que se ponen de manifiesto en las etapas más frágiles, que se reflejan en mayor discernimiento y menos proclividad a la dependencia de externos en estas edades conflictivas.

Obviamente, esto no se logra de un día para otro, y la sociedad debe preocuparse por eso.

 

 
Fuente: Redacción El Tiempo

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