Máximo, tercero de la dinastía Kirchner, se lanza al ruedo político

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Toda monarquía necesita de descendencia. En una democracia latinoamericana, la herencia suele ser el talón de Aquiles de los liderazgos personalistas, pero en el caso del kirchnerismo, acaba de resolverlo sin muchos problemas.

La anunciada candidatura a diputado de Máximo Kirchner, hijo mayor del poderoso matrimonio compuesto por el fallecido exmandatario Néstor Kirchner y la actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, resuelve no solo el tabú del peronismo en torno a la herencia, sino también varios problemas judiciales que atraviesa la primera familia del país.

Cerradas las listas de candidatos con vistas a las elecciones primarias de agosto, la confirmada candidatura del hijo de los Kirchner termina por mostrar los planes de la presidenta para conservar todo el poder posible una vez abandone la Casa de Gobierno, el próximo 10 de diciembre.

Fue ella, y nadie más, quien se ocupó de designar las listas de candidatos. Colocó a su ‘cerebro’, el actual secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zaninni, como postulante a vicepresidente, junto a Daniel Scioli, y llenó las listas de aspirantes a diputados con dirigentes de la agrupación La Cámpora, liderada, justamente, por su hijo.

La candidatura de Máximo venía madurando desde que, hace dos meses, ofreció su primera entrevista pública en 12 años de gobierno de sus padres. Allí se presentó en sociedad como un joven dirigente, formado y consustanciado con los problemas del país y con la agenda de la familia en lo que a la gestión respecta. “Ocuparé el lugar que digan los compañeros”, respondió cuando se le preguntó si sería candidato.

Los que saben leer al kirchnerismo tradujeron “compañeros” por “mamá”, y mamá comenzó a preparar el futuro del kirchnerismo.

Por esos días, el exdiputado y exfuncionario kirchnerista Julio Bárbaro advertía que “el kircherismo puede resolver mejor que Perón el tema de la sucesión. Porque tuvo hijos y, por lo visto, están politizados y militan”.

Plan organizado

Pero mamá Cristina, lejos de abdicar, comenzó a preparar al príncipe. Para ello, lo arropó con sus súbditos de La Cámpora y colocó a actuales ministros y funcionarios en la lista de diputados al Parlasur, premio de consuelo que brinda fueros ante cualquier problema judicial en el futuro.

Para allanar el camino, terminó por quitar del medio al cuestionado comandante en jefe del Ejército, el general César Milani, acusado de violación a los derechos humanos durante la última dictadura militar (1976-1983). Lo reemplazó en su cargo para evitar flancos débiles en la campaña y, como bien dijo la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, cercanísima de la presidenta: “Scioli no va a poder hacer lo que quiere porque está cercado”.

Cercado por Máximo en la Cámara de Diputados, y por Zaninni en la vicepresidencia, en el caso de un triunfo del oficialismo. Esa era la gran duda que la jefa de Estado mantenía hasta el domingo pasado, cuando cerraron las listas. ¿Si cercar a Scioli o combatirlo?

Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires, siempre ha sido el candidato del oficialismo que mejor mide en las encuestas, pero también su origen político y su perfil ideológico lo dejan más cerca del menemismo y de la centroderecha que del kirchnerismo. “Por eso, la presidenta termina decidiendo la estrategia de ganar con Scioli y luego acotarle los márgenes de maniobra. Es inteligente, pero también representa riesgos de llegar a concretarse el triunfo porque también traerá fricciones internas dentro del peronismo en tiempo de sucesión”, explica el analista Julián Hermida.

Habrá kirchnerismo para rato

En lo que al kirchnerismo respecta, son los miembros del cristinismo, como el secretario general de la Presidencia, Eduardo de Pedro, quien asegura que “Maximo tiene tanto futuro como presente”. Para él y para sus compañeros, “tiene todo para liderar el país y puede ocupar cualquier puesto”.

Para que Máximo pueda ser inscrito como candidato, hubo negociación. No con políticos sino con los jueces, y fue la que llevó a cabo el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, con los jueces en estado de rebelión, como el caso del magistrado Claudio Bonadio, quien investiga el presunto lavado de dinero de Hostesur, empresa de la familia Kirchner de la que Máximo es presidente.

“No se entiende por qué Bonadio aún no lo convocó a declarar”, afirmó la candidata de centroizquierda a la Presidencia, Margarita Stolbizer. La única respuesta la tiene Bonadio, y, por qué no, Fernández, quien también es candidato a la gobernación bonaerense en las próximas primarias.

 

 

Fuente: El Tiempo

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