Academia de Historia del Magdalena solicitará al Gobierno español hacer efectiva la entrega de la Real y Americana Orden de Isabel la Católica, prometida a Antonio Núñez cacique de Mamatoco en 1816

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En el marco del Bicentenario de la independencia de la antigua provincia de Santa Marta (1820-
2020) a conmemorar el próximo mes de noviembre, la Academia de Historia del Magdalena, en cabeza de su presidente, Álvaro Ospino Valiente, adelanta gestiones ante Carmen Calvo Poyato, Presidenta de la Comisión Nacional de los Bicentenarios de la Independencia de las Repúblicas Iberoamericanas, órgano creado mediante Real Decreto 595 de 2007 con espíritu de colaboración y acompañamiento, para que, en el marco de esta efeméride histórica, España por fin haga efectiva una deuda histórica con sentido histórico, simbólico, curioso y anecdótico, que tiene con uno de los personajes históricos de esta ciudad.

Se trata de la REAL Y AMERICANA ORDEN DE ISABEL LA CATÓLICA, conferida al Cacique Antonio Núñez por el Consejo de Indias el 3 de febrero de 1816, siendo unos de los primeros homenajeados con tan importante distinción, que por circunstancias de la guerra no se hizo efectiva. Justo reconocimiento a la valentía de este líder indígena y por consiguiente a los pueblos de indios como Masinga, Bonda, Mamatoco, Gaira Taganga, San Juan de la Ciénaga y Pueblo Viejo, que fueron fieles a la monarquía española, al igual que Santa Marta.

La postulación del Cacique de Mamatoco Antonio Núñez a esta condecoración, uno de los hitos más importantes en la historia de Santa Marta.

La noticia del otorgamiento de la REAL Y AMERICANA ORDEN DE ISABEL LA CATÓLICA al Cacique Antonio Núñez, constituye uno de los hitos históricos más importante de nuestra historia española. El papel de este personaje fue fundamental durante la Primera República (1810-1815), caracterizada por las cuatro campañas militares emprendidas por la infiel ciudad de Cartagena de Indias para someter a Santa Marta a la causa patriota. Durante la primera campaña militar en enero de 1813, el mercenario francés Pierre Labatut se toma a Santa Marta, humillando y atropellando a la población, motivando un levantamiento indígena en cabeza de Antonio Núñez, que logra la recuperación de la plaza el 5 de marzo de 1813.

A la llegada del teniente general Pablo Morillo en julio de 1815, encargado del Ejército Expedicionario de Costa Firme, el virrey Francisco de Montalvo, radicado en esta ciudad, le recomendó condecorarlo para ponderar su valerosa actitud, motivándolo a promulgar un decreto por el cual se le otorgaba una medalla de oro con la siguiente inscripción: “A los fieles y leales al rey”, la cual llevaría prendida al pecho con una cinta roja que resultó siendo un simple simulacro, porque según el mismo Morillo, las medallas se perdieron al naufragar la nave capitana San Pedro de Alcántara.

Solo estaba la cinta roja tejida por las matronas de Santa Marta y el diploma escrito en caligrafía de estilo que fue entregado al octogenario indígena.

Morillo informó al Consejo de Indias lo realizado, quienes discutieron el asunto el 3 de febrero de 1816 y nuevamente el 21 de febrero, el fiscal que preparó el caso argumentó que Antonio Núñez no solo aseguró la ciudad, sino que colaboró durante el asedio a Cartagena de Indias, los cuales no sólo confirmaron dicha condecoración, sino que le concedieron al indígena el GRADO Y SALARIO DE CAPITÁN, más el otorgamiento de la REAL Y AMERICANA ORDEN DE ISABEL LA CATÓLICA, en recompensa de la lealtad y los méritos de los defensores de los dominios hispanoamericanos y a su hijo Juan José Núñez le otorgaron una medalla de oro y el derecho de cacicazgo cuando su padre muriera.

La distinción al cacique pudo ser una decisión personal de Fernando VII por encima de la resistencia de los miembros aristocráticos de la Asamblea Suprema de la Orden, quizás el peso político, la influencia local del indígena y el respeto que infundía en la comunidad de Santa Marta. Curiosamente, después nunca se discutió la distinción otorgada al cacique, no fue sino hasta el 13 de octubre de 1820 que se comunicó explícitamente a la Asamblea Suprema de la Orden, que el

título de caballero se le debía a Antonio Núñez. Acabada la guerra e independizados estos territorios no se volvió a saber más del tema, ni se supo sobre la suerte de Antonio Núñez en el nuevo gobierno por el que tanto se resistió. Lo cierto es que España y su monarquía quedaron con una deuda pendiente para esta ciudad y especialmente para el desaparecido resguardo indígena de San Jerónimo de Mamatoco.


Importancia de esta condecoración

La Real y Americana Orden de Isabel la Católica es una de las Órdenes militares españolas, creadas por el rey Fernando VII, el 14 de marzo de 1815 para premiar la lealtad acrisolada a España y los méritos de ciudadanos españoles y extranjeros en bien de la Nación y muy especialmente a favor de la prosperidad de los territorios americanos y ultramarinos. Planteada en memoria de la gran Reina a cuya política y auxilios se debió el Descubrimiento de América, cuya finalidad era premiar la lealtad acrisolada a España y los méritos de ciudadanos españoles y extranjeros en bien de la Nación y muy especialmente en aquellos servicios excepcionales prestados en favor de la prosperidad de los territorios americanos y ultramarinos.

Podrían ser miembros de la Real y Americana Orden de Isabel la Católica tanto los individuos, peninsulares como americanos, que “inflamados por su lealtad, valor y celo hayan acreditado tan nobles virtudes con señaladas acciones, exponiendo su vida, o empleando sus luces y bienes en favor de la defensa y conservación de los dominios de Indias…”. La condecoración no era nacional, por cuanto contemplaba la admisión de extranjeros, ni excluyente, corno era el caso de la de Carlos III, porque se podía usar conjuntamente con otras. Hasta entonces, las distintas órdenes españolas quedaban reservadas para personas nobles o como mucho para recompensar servicios de funcionarios civiles y militares. La Real y Americana Orden de Isabel la Católica sin duda como consecuencia y reflejo de su rango y circunstancia militar, rompía con este estilo.

España y su interés en la conmemoración de las independencias de las Repúblicas Iberoamericanas
España creó la Comisión Nacional de los Bicentenarios de la Independencia de las Repúblicas Iberoamericanas, que preside por norma la Vicepresidenta del Gobierno de España y Ministra de la Presidencia, Relaciones con la Cortes e Igualdad, Doña Carmen Calvo. En el marco del programa a desarrollar en el mes de noviembre, tenemos previsto un evento académico donde analizaremos el proceso de emancipación y el rol de los pueblos de indios en la defensa de la “leal y justa causa del Rey Fernando VII”, puesto que esta ciudad opuso una férrea resistencia a las ideas republicanas. Estas discusiones académicas nos permitirán la crítica y reflexión de aquellos sucesos, que hoy son del pasado y hacen parte de nuestra realidad histórica.

De la misma manera, nos permitirá respecto a España, identificar lo que aún compartimos, valores sociales, políticos, culturales, idioma, religión, etc., con quien nuestro país mantiene actualmente buenas relaciones diplomáticas y comerciales a través de empresas multinacionales. Entendemos esta efeméride como la oportunidad para conocernos y comprendernos mejor en la vertiente de nuestro pasado y la realidad actual.

El Bicentenario de la Independencia es el momento ideal para que, por fin, dos siglos después, entregar de manera simbólica y anecdótica a sus descendientes dicha condecoración de manos del Sr. Embajador de España en Colombia, reivindicándose con la historia de Santa Marta y con la memoria de este personaje, para exhibirla en uno de los museos de esta ciudad. El suceso nos pondría en los titulares de las noticias curiosas en los medios de comunicación internacionales y nos favorecería por su condición de Distrito Turístico, Cultural e Histórico.

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