Egan y su primer día como campeón del Tour

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El Espectador

El Espectador viajó a Bélgica para acompañar al colombiano, quien corrió este lunes una exhibición en Alost portando la camiseta amarilla.

Egan Bernal luce exhausto. El cansancio que dejó el Tour de Francia es evidente. Y aun así, unas horas después de haber ganado la carrera más importante del mundo, el colombiano está otra vez sobre la bicicleta, rodando por las calles adoquinadas de Alost, un pueblo de Bélgica en el que el ciclismo es más importante que el fútbol, donde la gente habla del cundinamarqués como el futuro Eddy Merckx.

Las personas se vuelcan para ver al ciclista de la camiseta amarilla, para tomar una foto y, si se tiene suerte, una firma. Y es tanta la pasión que don Germán, su padre, y Xiomara, su novia, también dan autógrafos y posan para las cámaras. “Sé que una selfie con él es imposible, y por eso te la pido a ti”, le dice una mujer a Xiomara no sin antes pedirle que ponga su nombre en una gorra del Tour, a lo que ella responde: “Te pongo el nombre de Egan”.

Egan es perseguido por una decena de periodistas belgas que lo encierran, que no lo dejan respirar y él, siempre tan educado, contesta una pregunta, después otra y la siguiente así sea la misma que la primera. Y con la multitud a sus espaldas, Bernal camina como puede hasta el campanario de Alost, una iglesia que se quemó casi del todo en 1360 y que fue reconstruida en el siglo XV. Adyacente está la meta y a manera de protocolo Egan sube a una tarima para la firma, saluda a los aficionados y Bélgica, el corazón de la Vieja Europa, se rinde ante el pedalista del Nuevo Mundo.

En la pancarta que demarca la salida se lee 84 Napoleón Criterium Aals, nombre imperial, nombre con historia, de tradición. Egan se ubica debajo, se monta en su bicicleta y habla con Jonathan Castroviejo, el hombre que él ha traído para que sea su gregario en esta prueba y con quien compartió habitación en la concentración del Ineos durante 22 días.

“Dormimos muy bien, eh. No había tiempo para trasnochar, tampoco para dialogar mucho. El descanso es muy valioso”, dice el español. Antes de los años 70, los Criteriums eran competencias más valoradas que el mismo Tour, pues mientras que la Grande Bouclé te daba prestigio, las otras daban dinero. Y por eso, desde Jacques Anquetil hasta Merckx, yendo hasta las épocas de Hinault, todos querían triunfar en París para ser invitados a estas exhibiciones.

Y a los grandes campeones se les permitía llevar a un compañero, y eso generaba una competencia dentro de las escuadras, al punto de que algunos se ofrecían de conductores con tal de estar y cobrar una buena suma. Egan empieza a rodar por el circuito de calles angostas y las manos le vibran al sostener el manillar. Y de cuando en cuando abre la boca para respirar mejor. Está agotado, pero sigue rodando, y fuerte, porque el paso es casi a 40 kilómetros por hora, y los demás pelean las metas volantes. Y en la última curva, cuando va de tercero, Egan acelera para la recta pequeña, pero no le alcanza y la victoria es para Remco Evenepoel, un ciclista local de 19 años del Deceuninck Quick Step, potente y explosivo.

Bernal termina el Criterium y sube otra vez al podio, uno más modesto, pero al segundo escalón. Y viene la cerveza en vasos enormes (acá es la ruta cervecera de los belgas) y una sonrisa tímida, pero al fin de cuentas una sonrisa.

Egan, de a poco, va entendiendo que ser el dueño del maillot amarillo conlleva a responsabilidades más allá de la carretera y que no solo son los caminos angostos de gente, la algarabía con su presencia y las largas jornadas de compromisos. Que también son las ruedas de prensa, las cenas y los saludos a personas importantes que quieren estrechar la mano del hombre más importante del ciclismo en la actualidad. Pero él se llena de paciencia, o eso es lo que se percibe, y sin gestos de molestia va para donde lo lleven. Chris Froome ya pasó por eso años atrás, Peter Sagan también en 2018, cuando Geraint Thomas se negó a venir y él fue la estrella.

“Todavía no lo termino de asimilar. Estuvimos en una celebración íntima con el equipo y la pasamos muy bien anoche”, le dijo Bernal a El Espectador. Egan está agotado, y con una voz exhausta dice que todavía le quedan un par de días en Europa, y que ya quiere regresar a Colombia. Pero es un campeón maduro y asume lo que esto conlleva con sensatez. Y eso que hasta ahora es su primer Tour de Francia.

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