Retorno a vereda Salaminita se cumple bajo temor y zozobra. Después de 21 años de la masacre protagonizada por el Bloque Norte de las Auc, el territorio sigue convertido en un pueblo fantasma.

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Por: Idinael Fernández

Las festividades patronales en cualquier pueblo de la región caribe son las fechas más esperadas por sus coterráneos, quienes a pesar de encontrarse por fuera de su territorio, hacen hasta lo imposible para retornar a su lugar de origen y de esa manera celebrar en medio de la euforia y emoción esa fecha tan especial que congrega a todos los pobladores.

Sin embargo, la festividad en la vereda Salaminita situada en el municipio Pivijay, previsto para el 30 de octubre, no se observará ese ambiente alegre, producto del pasado oscuro que marcó a sus pobladores tras la incursión de hombres fuertemente armados de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), bajo el mando de Tomás Freyle Guillén, alias “Esteban” que además de asesinar personas y desplazar a la comunidad, procedió a destruir el pueblo con retroexcavadoras.   

El propósito que ha emprendido esa población, es tratar de retornar a los terrenos donde se encontraban sus viviendas que fueron arrasadas por paramilitares con pesadas maquinarias. El regreso a los predios, se hace con el acompañamiento de la Unidad Nacional de Víctimas, pero el temor y zozobra sigue intacto entra esa comunidad que aún no borra de su memoria la masacre protagonizada por ese extinto grupo armado ilegal el 7 de junio de 1999.

Ahora que se cumplió 21 años de la abrupta incursión del Bloque Norte, la Unidad Nacional de Víctimas ha desarrollado eventos de reparación integral a través de diálogos comunitarios “Plan Retorno y Reubicaciones”, donde de manera sigilosa y bajo la angustia y temor muchos retornan al pueblo para asistir a dicho encuentro, con el fin de conocer noticias que permitan recuperar sus tierras y recibir la indemnización por parte del Estado.

“Cada vez que hacen estas reuniones vengo bastante atemorizado porque fueron tres días de pesadilla que vivimos cuando se metieron los paracos y he notado cuando hacen estas mesas de trabajo circulan personas sospechosas en un carro rojo y motocicletas para percatarse si se hacen estas reuniones. Todavía tengo en mi memoria esa masacre y la herida en mi pie por haber tropezado con un cráneo”, comentó una víctima de Salaminita que pidió reserva de su identidad por razones de seguridad.

Las víctimas de Salaminita, dieron a conocer que existe un fallo del Tribunal de Antioquía en el 2006 que ordena a la Alcaldía de Pivijay y Gobernación del Magdalena trabajar en la atención y protección de los retornados, pero en varias ocasiones sus inquietudes y necesidades son tomadas en cuenta por ambas administraciones.

“Acá sufrimos por la falta de agua potable y el gobernador en febrero nos envió un tanque de 10 mil litros para abastecer a la comunidad de agua potable que era suministrada por carro tanques, pero esa felicidad se acabó en mayo y ahora nos toca volver a coger agua del jagüey que no es apta para el consumo humano, por eso esperamos que vuelvan a suministrarnos agua potable para el bien de la comunidad”, comentó un lideresa.

En este prospero pueblo agrícola y ganadero, desean que el Gobierno Nacional les brinde garantías para vivir en medio de la armonía y rodeado de un ambiente pacifico que les permita olvidar el oscuro pasado sembrado por la violencia.

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